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Cínico bufón y padre amantísimo

Nos acercamos ya al estudio de la ópera y lo hacemos de la mano de sus personajes. Comenzaremos por el protagonista, el que le da el nombre a la ópera: Rigoletto, el bufón de la corte del Duque de Mantua, al que divierte zahiriendo a los cortesanos, que le temen y le odian. Personaje complejo, psicológica y vocalmente y que, según los estudiosos, es el primer personaje completo de Verdi, explorado de fuera a adentro, ya que empezamos viéndolo en una escena de la corte, y luego lo iremos conociendo en su intimidad.

Como ya hemos comentado, Rigoletto esconde un gran secreto: tiene una hija, Gilda, de 15 ó 16 años, que acaba de llegar de la casa de campo en la que se crió, y que Rigoletto sobreprotege, con una mezcla de cariño hacia la joven y miedo al Duque y a los peligros de la corte libertina en la que él oficia de sumo pontífice, no en vano es Rigoletto el que busca “los planes” para el Duque. Toda su protección será en vano y Rigoletto sufrirá en su joven hija los desmanes que él mismo perpetra, en una serie de casualidades desgraciadas, que él atribuirá a la maledizione,  a la maldición del Conde Monterone, a cuya hija violó el Duque y que fue objeto de crueles chanzas cuando fue a quejarse al Duque (final del Primer Cuadro del Primer Acto).

El de Rigoletto es uno de los papeles de barítono más difíciles de todo el repertorio. Se podría decir que es un papel casi imposible, pues es un personaje dual, que requiere una voz de carácter y, al mismo tiempo, capaz de cantar a flor de labios, a media voz y con sfumaturas. Tiene de todo:

  • Canto declamado y sórdido: como en Pari siamo
  • Canto melódico: como en los dúos con Gilda que siguen
  • Cantó imprecatorio: como la primera parte de Cortigiani!
  • Cantó suplicante: la segunda parte, comenzando en Miei Signori

en definitiva, una voz amplia, con gran extensión y muy maleable. Debe ser un buen fraseador y tener un fuerte sentido dramático o teatral. El primer Rigoletto fue Felice Varesi, que en efecto debió ser un gran fraseador. Y es que en este personaje se simultánea y alterna el lenguaje musical y el lenguaje de la palabra, y esta es una de las novedades que incorpora Verdi, aunque sólo en el personaje central.

Como dice Arturo Reverter, al que seguimos en este Blog en todo lo referente a los Cantantes y a su idoneidad para cada papel, uno de los aciertos de Verdi y Piave en esta ópera es “la construcción enjuta y simétrica de la obra”. Es impresionante cómo se describe el personaje y cómo se profundiza en su psicología en poco más de 15 minutos cada vez, en dos conjuntos de Recitativo+Aria+Dúo, que corresponden a Pari siamo y Cortigiani!, que vamos a analizar a continuación.

Pari siamo

Después de la brillante escena de la corte ducal, en el Primer Cuadro del Primer Acto, importante para describir el carácter del Duque, un personaje “joven y extremadamente libertino”, acabada con la maldición de Monterone, que estalla en el bufón, Rigoletto se dirige a su casa, aún ataviado de bufón, y musitando en un recitativo quasi parlato. Se produce el encuentro con el asesino a sueldo Sparafucile, en el que este, que se describe a sí mismo como hombre de espada, se ofrece a Rigoletto para lo que pueda necesitar, ya que según le dice Sparafucile, él puede necesitarle porque tiene rivales.

A continuación de ese dúo, bastante siniestro, en el que se superpone la palabra a la música, que hace el verdadero dúo, a base de la sección grave de las cuerdas, entramos  de lleno en la autodescripción de la triste realidad de Rigoletto, un hombre que odia al mundo, obligado como está a reír, siéndole negada la posibilidad que tienen todos los demás de algo tan humano como es el llanto.

Y de pronto, al entrar en el patio de la casa, la orquesta y el propio Rigoletto cambian totalmente y, en una explosión de alegría, se produce el encuentro de Gilda y su padre. Y es que, como dice Rigoletto, A te d’appresso / Trova sol goia il core oppresso, es decir, Sólo a tu lado/Encuentra alegría el corazón oprimido. Sigue, a continuación una serie de dúos maravillosos entre una joven e inocente Gilda y un padre cariñoso y protector.

Posiblemente no hay mejor contraste entre las dos caras de Rigoletto que estos minutos de canto. Y es de una economía dramática pasmosa. Queda perfectamente definido el carácter y la psicología de Gilda y de Rigoletto. En el primer enlace de este post puede verse esta Escena cantada por diversos intérpretes, aunque en varios casos no es la escena completa.

Cortigiani, vil razza dannata

Nos encontramos en la Escena 3ª del Segundo Acto. Gilda ha sido raptada por los Cortesanos, que la creen la amante de Rigoletto, y la han traído al Palacio Ducal, para ofrecérsela al Duque. Rigoletto, víctima de un engaño de los Cortesanos, ha participado en el rapto, sujetando la escalera, creyendo que era el de la Condesa de Ceprano, que él había inspirado. Se han reído de él y, lo que es mucho peor, han raptado a su hija, que es lo que él más temía.

La Escena es un tríptico, de extraordinaria fuerza dramática y muy bien construido desde un punto de vista teatral. Comienza con un diálogo entre Rigoletto y los Cortesanos, con una engañosa cantinela Lará, lará, en la que Rigoletto oculta la incertidumbre sobre la situación de Gilda: ¿Estará en el Palacio? ¿La habrán entregado ya al Duque? Aparece un paje de la Duquesa: Rigoletto se da cuenta de que Gilda está en el Palacio y de que ya ha caído en las fauces del Duque. Entonces Rigoletto se transforma y abandonando todo disimulo se enfrenta con los Cortesanos, tras declarar Io vo’ mia figlia!, es decir ¡Yo quiero a mi hija ! Los Cortesanos se quedan estupefactos, el golpe dramático es estupendo.

En un andante mosso agitato, en Do menor, la voz se despliega feroz en un alegato contra los Cortesanos, mientras la sección grave de las cuerdas marca furiosos contrapuntos, al decir de Reverter. De pronto cambia el tempo, pasando a meno mosso, cuando el barítono dice Ebben, piango, Marullo, signori, pasando la tonalidad a Fa menor. Rigoletto, que ha descargado su ira, se torna suplicante, cambiando la expresión, en Miei signori …… perdono, pietate. La voz, a la que se empareja el corno inglés, va pespunteando por un ondulante solo de violonchelo, expresión de un tormento insufrible. Rara vez se ha llegado de una manera tan simple a la expresión de la deseperación.

En el segundo enlace puede verse esta escena en la voz de los mejores Rigolettos de los que tenemos testimonios acústicos e imágenes. Para mí es una de las escenas cumbre de la historia de la ópera. El genio de Verdi+Piave+Hugo nos la han dado.

Los grandes Rigoletto

Este difícil papel lo han cantado los mejores barítonos de la historia, y hay muchos testimonios de algunas de sus interpretaciones. El primero fue Varesi, como ya hemos dicho, y a Verdi le gustaba también mucho la interpretación de Ronconi. En la senda de estos se situaron los grandes barítonos de comienzo del siglo XX: Battistini, Riccardo Stracciari, Titta Ruffo, Amato, De Luca. En los 50’s y 60’s, tuvimos a Tito Gobbi, Sesto Bruscantini, Ettore Bastianini y Piero Cappuccilli, en Italia, y a Leonard Warren, en América, al que siguieron, en los 60’s y 70’s, sus compatriotas Robert Merril, Sherrill Milnes y Cornell MacNeil. Citemos también a Ingvar Wixell, Giuseppe Tadei, Rolando Panerai y Renato Bruson.

El gran Rigoletto de finales del siglo XX ha sido, sin duda, Leo Nucci, que a sus 72 años lo sigue cantando, después de más de 500 representaciones. Vimos su bis en Bilbao, en 2013, y realmente Nucci en escena se convierte en el mismísimo Rigoletto. Domina el papel de tal forma y actúa de tal manera que no importa que en su voz vaya notándose la edad.

Mención aparte merece Dietrich Fischer-Dieskau, cuya voz no es, a priori, la más adecuada para este papel, al faltarle peso y metal, pero cuya capacidad de fraseo, su riqueza de matices y gran arte en el canto compensan lo que le falta a su instrumento. En opinión de Reverter, es uno de los mejores, especialmente en la grabación de Deutsche Grammophon dirigida por Rafael Kubelik. Para mí, también es de las mejores interpretaciones junto a alguna de las de Cornell MacNeil y, desde luego, Leo Nucci.

Enlaces

Pari siamo
Cortigiani, vil razza dannata



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