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El holandés errante o la maldición de la voluntad

El 2 de enero de 1843, por fín, Richard Wagner estrenaba su nueva ópera, Der fliegende Hollander, El Holandés volador o El Holandés errante, que es la traducción más habitual a nuestro idioma. La había intentado estrenar en París, en Berlín, en Riga y será por fin en Dresde donde lo haga, en la Hofoper (la Ópera Semper), dirigiendo él mismo la orquesta.

Ópera romántica en 3 Actos, con libreto y música de Richard Wagner, basada en la leyenda popular del “Holandés errante” según una narración satírica de Heinrich Heine aparecida en su libro, “Las memorias del Señor de Schnabelewopski” (1834), y más concretamente en su capítulo 7º, “Reisebildern aus Nordenay“.

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En su libro de Memorias, Mein Leben, Wagner cuenta que la inspiración para esta ópera le vino como consecuencia de un “tormentoso viaje marítimo” que realizó entre Riga y Londres en el verano de 1839, con su mujer Minna Planer, y una tripulación de 7 hombres, a bordo de un pequeño navío, el Thetis, cuyo capitán aceptó llevarlos a pesar de tener anulados sus pasaportes. Les sorprendió una fuerte tempestad a la altura de las costas noruegas de Tvedestrand y tuvieron que refugiarse una semana en un fiordo, hasta que sopló el viento Sur. El  viaje, cuya duración prevista era de 8 dias, se convirtió en un penoso y arriesgado periplo de 3 semanas en el que estuvieron a punto de zozobrar. Al parecer, los marineros les contaron la leyenda del holandés errante, y oyeron los cantos de los marineros, y el eco de sus voces, en medio de la tempestad. Todo esto será material para la nueva ópera.

Historia de la composición

A finales de la temporada de 1838-39 Wagner decide escapar de Riga, y de sus acreedores, e instalarse en París para estrenar allí su Rienzi, una Grand Opéra que estaba componiendo según el modelo francés. Pero el plan fue un desastre: le retiran el pasaporte, tiene que viajar, a riesgo de su vida, en la aventura del Thetis, ya mencionada, y Minna sufre un aborto. La estancia en París resultó otro desastre: no consigue estrenar Rienzi y se ve obligado a buscarse la vida con actividades musicales de menor importancia: algún artículo de periódico, alguna colaboración, etc. París vivía el momento del mayor esplendor de su compatriota Meyerbeer, y Wagner siempre considerará que éste no le ayudó debidamente.

A la vista de la situación de estrechez en la que se encuentra, Wagner piensa en componer una ópera en 1 acto, que pueda representarse en París junto a un ballet. Y lo que tiene más a mano es el tema del Holandés Errante, enriquecido por la experiencia de su viaje:

  • En mayo de 1840 Wagner escribió el primer esbozo, en prosa, a partir del relato de Heine, sobre la premisa de un Capitán maldecido por haber blasfemado y condenado a vagar por el oceano y que sólo puede redimirse por el amor de una mujer
  • A finales de mayo de 1841, un año después, ya tenía terminado el libreto de una ópera, a la que llama Das Geisterschiff (El buque fantasma). Y la música, que había comenzado en julio de 1840, el año anterior, había avanzado bastante. Ya tenía terminadas“La balada de Senta”, “La canción de los marineros noruegos” del 3er. Acto y la canción fantasmal de la tripulación del Holandés
  • Se daba la circunstancia de que en 1841 Carl von Weber iba a estrenar su “Freischütz” en París. Wagner piensa que va a ser un éxito y que él debe aprovechar para estrenar su Holandés. Pero la obra de Weber se estrena con una acogida muy fría y Wagner ve frustrado su plan
  • En julio de 1841 Wagner se ve forzado, por sus penurias económicas, a vender el argumento y el título de su obra, por un precio muy módico, 500 francos, al Director de la Ópera de París, Paul Foucher, que no quiere la música ya compuesta, por considerarla sin valor. Con ese argumento y con el título de “Le Vaisseau Fantôme“, traducción al francés del título original wagneriano, Geisterschiff, Pierre-Louis Diestch compondrá y estrenará una ópera que inmediatamente caerá en el olvido
  • Pero Wagner, ya con menos premura, continua componiendo y completa la ópera al final del verano de 1841, estando orquestada para noviembre, en la forma convencional de 3 actos, siendo la obertura lo último que compone
  • Dado que había vendido el título y el argumento, hace unos cambios de última hora y la ambientación, que inicialmente era en Escocia, pasa a Noruega, cambiando el nombre a algunos de los personajes, así como el nombre de la ópera, que pasa a ser Der fliegende Holländer
  • Viene a continuación la peripecia de conseguir estrenarla. Descartado París, parece que pueda ser Berlín el lugar indicado. Y allí se va Wagner con sus partituras y da alguna audición que parece prometedora. Pero no lo consigue y será Dresde, finalmente, el lugar del estreno, donde ya había tenido un éxito con Rienzi, unos pocos meses antes
  • En el estreno, el público salió desencantado. La crítica se pregunta “cómo esta obra sin adornos, pobre y sombría podía salir del mismo hombre que dos meses antes les había regalado los oidos con Rienzi“. El resultado es que se retira del cartel en 4 dias
  • Pero enseguida comienza una historia de éxitos: Riga, Kassel, Berlin, Zürich, Praga, Viena, Munich, Rotterdam, etc
  • En 1860, después de acabar la composición de Tristan und Isolde, Wagner le da unos retoques, fundamentalmente a la Obertura y al Final, para el estreno en París, que por fin será en 1861
  • En 1901 esta obra entra en el llamado Canon de Beyreuth, es decir el “corpus” de obras wagnerianas que se representan en el Festival
  • En el periodo 2010-15, según las estadísticas de Operabase es una de las óperas más populares y representadas, ocupando el puesto 1º de las óperas de Wagner, el 2º del Repertorio en alemán y el 25º de todas las óperas

Significado e Importancia de esta obra en el Repertorio wagneriano

El propio Wagner, quizás animado por conseguir por fin un éxito con una obra no tan convencional como Rienzi, consideraba que esta ópera era su nuevo comienzo:

Aquí empieza mi carrera como poeta, y mi adios al papel de mero cocinero de textos de ópera

Desde luego es el primer paso hacia sus dramas musicales del porvenir, mirando ya con cierta distancia a la spieloper alemana de Weber, de la que él venía. Además aparece ya la utilización de los leitmotives, asociados con algunos personajes y temas, destacando 3, que ya aparecen en la Obertura: La Tormenta, el Holandés y Senta.

También es original la idea de que esta ópera pueda representarse sin interrupciones, para lo que compuso unos Preludios entre los Actos 1º y 2º y entre 2º y 3º.

Dentro de esa posición de obra novedosa, y aunque tiene una organización escenográfica de Actos, Escenas y Números, la verdad es que ya estamos ante una obra mitad Ópera de Numeros, Mitad Transcompuesta, en la que ciertas arias y duos han evolucionado bastante.

También es interesante señalar que contiene los temas típicos de las obras de Wagner:

  1. La maldición
  2. La aparición de un personaje errante con un pasado desconocido por los demás
  3. La redención por el sacrificio de una mujer
  4. El deseo de la muerte como única certeza interior de salvación
  5. El protagonista como “alter ego” del Wagner del momento

Y para terminar, citaremos a Christian Thieiemann que, en su libro “Mi vida con Wagner“, se pregunta cuál es la lección que se puede sacar de esta obra, para contestarse:

En tu vida, si deseas algo con demasiada fuerza, nunca lo conseguirás.

No se puede pedir demasiado. El Holandés espera todo de una muchacha que en realidad ya no es libre para él. Y Senta sólo vive para salvar a alguien que, en realidad, no está dispuesto del todo a ser salvado.

Pero es que siendo cierto que esta obra contiene elementos autobiográficos del propio Wagner, con su ir y venir por los distintos teatros de Europa, también es descriptiva de la vida de Wagner en el sentido indicado más arriba: su desmedida ambición no le da respiro, quiere siempre demasiado.

Pero como señala Thieieman, si Wagner se hubiese conformado con el camino de éxitos que le marcaba Rienzi o el Holandés, posiblemente no tendríamos Tristan, Maestros Cantores, el Anillo ni Parsifal. Su sacrificio, su búsqueda insaciable, le permitió avanzar y abrir un camino, y a nosotros, poder disfrutarlo.

ENLACE 

Wagner explicaba que la Balada de Senta es el corazón de esta ópera y que todo lo demás lo construyó alrededor de ese nucleo. Pues bien, en el siguiente ENLACE podemos encontrar la excelente interpretación de la soprano lírico-dramática sueca Nina Stemme de dicha Balada, que por cierto es una Balada atípica como comentaremos en próximos Posts de esta serie.

Balada de Senta. Nina Stemme

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