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Una Ópera llena de dobleces y ambigüedades

El 17 de febrero de 1859 se estrenaba, en el Teatro Apolo de Roma, la ópera en tres actos Un ballo in maschera, con música de Giuseppe Verdi sobre un libretto de Antonio Somma, basado en el texto de Eugène Scribe, “Gustave III ou le bal masqué”, sobre el que Daniel-François Esprit Auber había hecho una ópera de título homónimo en 1833, y también Salvatore Cammarano había preparado un libretto para Saverio Mercadante que lo convirtió en ópera en 1843, con el título deIl reggente”. 

El texto de Scribe y, en definitiva, las tres óperas se basan, más o menos, en un hecho real ocurrido en Estocolmo en 1792: el asesinato del rey Gustavo III de Suecia, en el trascurso de un Baile de Máscaras de la Corte sueca, celebrado precisamente en la Ópera de Estocolmo.

Esta ópera se situa en el período de madurez de Verdi, entre Simón Bocanegra (1857) y La forza del destino (1862). También era un momento de madurez personal del Compositor, empezaba a mostrarse en público con la Strepponi y, de hecho, estuvo con ella en el estreno.

Después de la seriedad y austeridad de Visperas y Simon Bocanegra, Verdi querí hacer una ópera brillante, a lo parisién, con reflejo de las grandes Cortes europeas, con sus fiestas, luces y bailes. Ya en 1857, recién estrenado Simon Bocanegra, tuvo un encargo del Teatro San Carlo de Nápoles para la temporada de Pascua de 1858.

Lo primero en lo que pensó Verdi para el San Carlo fue en su proyecto de la versión operística del Rey Lear de Shakespeare, que llevaba acariciando desde la época de Nabucco. Por eso contrataron a Antonio Somma como libretista. Sin embargo el Teatro di San Carlo no fue capaz de ofrecerle un reparto adecuado, con lo que se pasó la temporada de 1858. El Rey Lear volvió a quedar arrumbado y no llegaría a hcerlo nunca.

Previendo problemas con la Censura, Somma y Verdi introdujeron cambios en la trama de Scribe: la acción se trasladó al siglo XVII y a Pomeramia y la obra se tituló “Una vendetta in domino“. La verdad es que el momento era complicado: acababa de producirse un atentado contra Napolén III (1858) y un poco antes, en 1856, contra el rey de Nápoles, si bien ambos fracasaron.

En ese contexto, la Camera de Revisione, que era el nombre de la Censura napolitana, le puso unas condiciones a Verdi y Somma que eran dificilmente aceptables:

  • Ni reino ni monarquía
  • Acción en la Edad Media
  • Amelia tenía que ser la hermana de Renato, no su esposa
  • Quitar la adivina
  • Omitir el sorteo del nombre del asesino
  • Sin baile de máscaras
  • Asesinato fuera de escena
  • Cambiar el título: Adelia degli Adimari

Verdi no estaba dispuesto a aceptar tamaña desnaturalización de la obra. Rompió con el Teatro di San Carlo, que lo demandará por incumplimiento de contrato, y decidió trasferir la obra a Roma, donde se había estranado una obra de teatro con argumento similar sin graves problemas de Censura.

En Roma consiguieron que se aceptase casi todo, imponiéndoles sólo que la acción no tuviera relación alguna con la Realeza y que fuese fuera de Europa. El protagonista, Riccardo, Conde de Warwich, pasó a ser el Gobernador inglés de Boston, pais extraeuropeo y sin soberano. Y la obra se llamó definitivamente Un ballo in maschera y fue un gran éxito, pasando rápidamente a los teatros de ópera de toda Europa, por ejemplo en España se estrenó el 31 de enero de 1861 en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

En los últimos años hay tendencia a representarla como en realidad debía ser: en Suecia, Riccardo se cambia por Gustavo, Renato por el Conde de Anckarström, y Ulrica es Madame Arvidson.

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Esta ópera, en apariencia una de las más “conservadoras” de Verdi, no lo es tanto. En primer lugar, desde el punto de vista de la construcción de los personajes, presenta algunas novedades destacables:

  • El personaje del paje Oscar es el único así en todo Verdi: una clara influencia de la ópera francesa, cantado además por una soprano ligera tipo “soprano soubrette”. Rol cargado de humor que es el contrapunto moral de la acción
  • Ulrica, la hechicera, con su voz grave, expresa la fatalidad, como ya lo había hecho el personaje de Azucena en Il Trovatore
  • Amelia está llena de tribulación y tristeza, como se refleja en sus arias. Es comparable a la reina Isabel del Don Carlos. Tiene un tono sombrio y oscuro, en Fa menor, con el corno inglés como instrumento “obbligato”
  • Riccardo, con una ambigüedad importante. Verdi lo quiere “amabile, brillante, cavalleresco” y bastante lejos de la vitalidad del Duque de Mántua de Rigoletto. Frívolo y despreocupado, hasta rayar la temeridad, sin embargo, en el 3er acto decide sacrificarse y anteponer la amistad al amor

Y en cuanto a los aspectos musicales, debemos destacar una serie de planteamientos muy modernos y en absoluto conservadores:

  • Las Arias se han convertido en una serie de monólogos, con “canto spianato”
  • Además, la distinción entre Recitativo y Aria es practicamente imperceptible
  • Utilización de música de danza en varios momentos de la ópera. Muy destacable es la utilización de un ritmo de “mazurca” en el final del tercer acto, una especie de “mazurca fúnebre” con un “motivo de la muerte” ejecutado por un violín
  • Instrumentación agilísima y brillante, con un ritmo que puede llegar a la “imprudencia adorable” de Offenbach

En definitiva, como decimos en el título de este Post, una ópera llena de dobleces y ambigüedades, donde las cosas no son como parecen. No en vano los personajes aparecen enmascarados en algún momento de cada uno de los actos (Riccardo y su Corte en la escena de la hechicera, en el 1er acto; Amelia, en la escena del “orrido campo”, en el 2º acto; y todos en la escena del baile de máscaras). Al final resulta que la Hechicera realmente adivina el futuro y no es una farsante, Amelia no ha deshonrado a su marido, y Riccardo no se aprovecha de su cargo ni del amor de una mujer y antepone la amistad a su pasión. Pero todo eso lo sabemos cuando ya es demasiado tarde y el destino fatal ha hecho su trabajo.

Acabamos este Post con un enlace a un Resumen de uno de los últimos montajes de esta ópera, el de la BAYERISCHE STAATSOPER, de Munich, con un reparto excelente, incluyendo a Piotr Beczala, en el papel de Riccardo, Anja Harteros, en el de Amelia, y George Petean, en el de Renato, todos ellos bajo la Dirección Musical de Zubin Mehta y la Dirección Escénica de Johannes Erath.

ENLACE:

UN BALLO IN MASCHERA – BAYERISCHE STAATSOPER 2016

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