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El Belcantismo “declamato” de Bellini

El Bel Canto, literalmente canto bonito, fue una técnica de canto usada principalmente por los compositores napolitanos de ópera seria de finales del siglo XVII y de todo el XVIII, en los comienzos de la ópera moderna. Se basaba en trasmitir las emociones mediante una rica vocalidad, la de los Castrati y Prime donne.

El gran Manuel García definía así el Bel Canto:

“Capacidad de emitir y dar color a la voz de la manera más variada posible, mediante una continua contraposición del forte y del piano, y un uso sumamente flexible de todas las gradaciones dinámicas”

Dicha técnica implica el uso de agilidades y florituras, saltos de intervalo, acentos, legato en grado máximo, fiati rubbatti, y otras figuras vocales como los trinos o la messa di voce. En definitiva, es un canto que privilegia el preciosismo de la voz y la expresividad mediante el virtuosismo vocal, con uso abundante de la coloratura y las notas sobreagudas.

Sin embargo el concepto de Bel Canto no es unívoco, al extremo de que las óperas italianas de la primera mitad del siglo XIX, las de Rossini, Bellini y Donizetti, son consideradas muestras destacadas del Bel Canto. Aún más, hay autores que consideran que toda la obra de Verdi, salvo Otello y Falstaff, son obras belcantistas, y algunos, incluso, llegan a considerar belcantista la obra de Wagner hasta Lohengrin.

Y es que, como explica el profesor Menéndez Torrellas, al comentar la obra La storia del belcanto, de 1983, del gran musicólogo y crítico italiano Roberto Celletti, (que circunscribe el belcantismo a una género, la ópera seria italiana, y una época muy concreta, el siglo XVIII), el Bel Canto viene a designar algo parecido al “ideal de canto” en cada época respectiva.

Tratamos de dilucidar en este Post qué tienen de belcantistas las óperas de Bellini, y en particular I Puritani, analizando lo que tienen en común con las de los napolitanos del XVII, y, por otra parte, cuáles son las diferencias más notables y cuál ha sido la evolución del estilo de canto en esos casi 150 años.

Veamos primero las semejanzas:

  • Tanto en los primeros belcantistas como en los últimos (Bellini, Donizetti y el primer Verdi) el elemento fundamental de la expresión es la voz, que predomina sobre la música, que es un acompañamiento, y la orquesta, que se supedita a la voz
  • La pasión y las emociones se expresan fundamentalmente mediante inflexiones de la voz y con el uso de las dinámicas a las que se refería Manuel García
  • Tanto en el primer belcantismo, el de los Castrati del XVII y XVIII, como en el de Rossini, Bellini o Donizetti, se requiere un grado importante de Virtuosismo en los intérpretes para poder realizar las agilidades, coloraturas y toda la pirotecnia necesaria para expresar las emociones
  • Como se ha demostrado con los grandes intérpretes belcantistas del siglo XX, hay más drama y verdadera emoción en muchas de las óperas belcantistas de todos los tiempos de lo que se había sospechado

Veamos ahora las diferencias, que son importantes:

  • En el primer belcantismo, el de los napolitanos, en la época de los grandes Castrati, las óperas llegaron a convertirse en simples medios para la exhibición de los cantantes. Los libretos no tenían el mínimo interés dramático y muchos eran aburridos y utilizados repetidamente en distintas óperas, incluso cuando esos libretos estaban escritos por destacados literatos. En definitiva no sólo es que la voz era el elemento predominante, es que era el “único” elemento que importaba

El gran compositor Héctor Berliotz se refería a estos compositores italianos con cierto cinismo pero no menos precisión:

La música de estos italianos es un placer sensual y nada más. Para esta noble expresión del intelecto tienen el mismo respeto que para el arte de la cocina. Les gusta una partitura que, como un plato de macarrones, pueda ser asimilada inmediatamente sin tener que pensar acerca de ella, o, incluso, sin hacerle ningún caso.

  • En cambio, en Bellini, texto y música tienen un grado de integración mucho mayor que en los otros compositores belcantistas, incluso que sus contemporáneos Rossini y Donizetti, que, de hecho, calificaban la música belliniana de “filosófica”. El propio Bellini definía así su objetivo último:

Introducir un nuevo género y una música que pueda expresar el texto tan precisamente como sea posible, consiguiendo una unidad de canción y drama.

Incluso un compositor tan poco “sospechoso” como Richard Wagner, demostraría su alabanza entusiasta y su respeto a la música de Bellini diciendo, en 1880:

Cómo nos encanta en Bellini la melodía pura, la nobleza sencilla y la belleza de la canción. La canción es el lenguaje con el que los humanos se comunican unos con otros…..La música de Bellini viene del corazón y está intimamente unida con el texto.

Hacia el belcantismo declamato

El “método” de Bellini en su construcción musical consistió en interpretar intelectualmente el contenido y el sentido de cada escena del libreto: los textos son declamados con precisión, tendiendo a disminuir el número y la extensión de los pasajes de coloratura, dejándolos reservados para los momentos de exaltación emocional, sean los de euforia (típicamente las cabalettas) o las escenas de locura. Este estilo de declamación llevó a sus críticos a llamarlo, peyorativamente, como “declamazione cantata” o “canto declamato”. Sin embargo, la realidad es que Bellini trató los textos de sus libretos con una seriedad sin precedentes, en parte como revolución ante la indiferencia de muchos de sus contemporáneos.

Obviamente, el estilo de Bellini requiere libretos de calidad con situaciones dramáticas intensas que pudieran excitar su imaginación musical e inspiraran momentos musico-dramáticos de pasiones imponentes.

En ese sentido, La sonnambula y Norma (1830 y 1831, respectivamente) representan los puntos más altos de la madurez lírica  de Bellini: bellas melodías y lineas vocales que poseen una ternura elegiaca. Y todo ello con una música de orquestación sencilla. Sus críticos se quejaban de la simplicidad de la orquestación, a lo que un compositor como Cherubini contestaba, no sin razón:

¿Qué otros acompañamientos pueden ser escritos para melodías que son tan bellas en si mismas?

Sin embargo, la composición de I Puritani, la que sería su última ópera y la primera para el público de París, supuso varios problemas para Bellini, que tuvo que luchar contra dos dificultades que no se le habían presentado nunca:

  1. El libretista, que ya no era Felice Romani, con el que se entendía tan bien y cuyos versos, de notable elegancia y sencillez, eran su inspiración para componer el tipo de música que lo había hecho famoso. Y para colmo, se había escogido a Pepoli como libretista, que no tenía experiencia previa en escribir para el teatro y cuyo libreto contenía un grado de rigidez y formalidad que se convertiría en un impedimento para la dramatización musical del mismo
  2. El consejo que le dio Rossini sobre la necesidad de crear una orquestación al estilo de París, que potenciase los efectos dramáticos, y que le obligó a dedicar tiempo y esfuerzo a orquestar su nueva obra

Bellini tuvo que pelear con estas dos dificultades, aunque finalmente tuvo éxito, como demuestra la acogida de su obra. En cualquier caso, tuvo que pelear bastante y es muy interesante la “pedagogía” que tuvo que realizar sobre su libretista, el conde Carlo Pepoli, explicándole la esencia de la ópera en un escrito que no me puedo resistir a extractar, porque explica cómo entendía Bellini la creación musical operística:

Si mi música resulta bonita y la ópera es un éxito, usted es libre de escribir un millón de cartas demostrando cómo los compositores maltratan la poesía, pero no habrá demostrado nada. Grábese este pensamiento de forma indeleble en su mente: “En ópera, es el canto el que debe mover a la gente al llanto, hacerles estremecerse y sentir la pasión”. La poesía y la música, para ser efectivas, demandan naturalidad y nada más.

Pero en la ópera también existen las modas

No cabe duda de que la moda impera en el Arte y en la ópera no podía ser menos. Lo cierto es que desde la llegada del Movimiento Romántico, el Teatro va a cambiar mucho. Los nuevos autores románticos, como Victor Hugo, van a imponer un teatro al que se va a pensar y a sufrir. El movimiento se extenderá a la música y a la ópera le llegará en la segunda mitad del siglo XIX. Verdi y Wagner, cada uno a su manera, transformarán la ópera y unirán definitivamente la música y el drama, de forma que la ópera pueda definirse como drama en música.

Este cambio de enfoque eliminará la estructura clásica recitativo-cavatina-cabaletta, y poco a poco se irá a lo que Verdi llamó el parlante melódico, una declamación cada vez más parecida a la del teatro hablado.

En ese panorama del último tercio del siglo XIX, qué sentido tenía representar las obras de los belcantistas, incluso de Rossini, Bellini o Donizetti. La realidad es que la mayoría dejaron de representarse, con el agravante de que, en poco más de una generación, se perdió la capacidad técnica de los intérpretes, con lo que las pocas representaciones que se hacían eran muy poco satisfactorias.

Hacia 1930 no se representaba nada de Rossini, excepto Il barbiere di Seviglia, de Donizetti sólo L’elixir, Lucia de Lammermoor y Don Pasquale, y de Bellini solamente Norma. Y todas ellas muy poco. Si quedaban algunas arias, que aparecían en los Recitales de las Grandes Divas, fundamentalmente por ser material de gran lucimiento.

En este mismo Blog, en la Página Historia y Evolución de la Ópera, puede encontrarse una entrada titulada Bel Canto en la que recogemos el Declive y Renacimiento de estas técnicas y de este repertorio. También allí puede encontrarse un ENLACE a una LR con diversos exponentes interesantes.

Al dia de hoy podemos decir que se ha recuperado la mayor parte del Repertorio de Rossini (muy importante la labor del Festival de Pesaro), todo el de Bellini, aunque es difícil representar algunas de sus obras por las complejidades vocales de algunos de sus personajes, y también la mayor parte de Donizetti. Sin embargo continuan siendo prácticamente inéditos los auténticos belcantistas, los napolitanos del siglo XVIII, aunque algunos cantantes (Bartoli, Florez, Di Donato, etc) han hecho una labor importante al cantar y grabar algunos fragmentos de su obra.

A mi modo de ver, la ópera buffa de Rossini (Il barbiere, L’italiana, La Cenerentola, Le comte Ory, etc) y la de Donizetti (L’elixir, Don Pasquale) han resistido muy bien el paso del tiempo y pueden verse hoy dia con un gran placer asegurado. No puede decirse lo mismo de toda su obra seria, aunque hay algunas como Otello o La Donna del lago, de Rossini, Lucrezia Borgia, Lucia de Lammermoor, Anna Bolenna, Maria Stuarda o Roberto Devereux, de Donizetti, que siguen conservando la frescura.

En cuanto a Bellini es un placer ver cualquiera de sus obras, pero es necesario tener un buen reparto, y no es siempre fácil. En estas obras, tan basadas en la vocalidad, el cantante es fundamental y aunque ya sabemos que nunca tendremos el Cuarteto de los Puritanos (Grissi, Rubini, Lablache, Tamburini) tampoco vale cualquier cuarteto, y para que la obra triunfe no basta con un buen tenor o una buena soprano.