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Una obra de síntesis, profundamente romántica

Dice Julian Budden, en su libro Verdi (Master Musicians Series), refiriéndose a Il Trovatore y a su aparente vuelta atrás después de las novedades de Rigoletto, lo siguiente:

Pues si bien los odres son viejos, el vino es excitantemente nuevo. Il Trovatore es una flor tardía de la ópera romántica italiana, sólo posible para quien ha sabido ver más allá de esta.

Sabemos, como ya hemos dicho en el primer Post de esta serie, que Verdi pretendía seguir en el camino que había abierto con Rigoletto y que el personaje de Azucena estaba llamado a ser el principal (de hecho pensó en llamar así a esta ópera), siendo un personaje en el que el amor materno rivaliza con el amor filial, uno de los conflictos que siempre interesaron a Verdi. También sabemos que Verdi eligió a Cammarano como libretista, al que consideraba el mejor, y que le pidió un libretto, basado en un resumen de la obra de García Gutiérrez, hecho por él mismo y que le entregó al gran poeta, y que quería un producto lleno de novedades formales: sin números cerrados y próximo al lenguaje hablado.

Sin embargo, Cammarano le entregó un libretto típico de la ópera romántica de Bellini y Donizetti, una ópera de números, y por el camino trillado de la sucesión de cavatinas, cabalettas y piezi concertati. Verdi llegó a pensar que Cammarano no estaba interesado con el tema que él había elegido, y le ofreció que lo abandonase y se concentrase en una versión del shakespiriano King Lear, que Verdi quería musicar y nunca llegaría a hacerlo. Cammarano dijo sentirse interesado con El Trovador y casi terminó el libretto, a pesar de ponerse enfermo y terminar muriendo en el verano de 1852.

Finalmente, Verdi aceptó el punto de vista de Cammarano y su libretto, y se puso a trabajar en la composición a toda prisa, introduciendo modificaciones mínimas en lo que había escrito Cammarano.

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Llegados a este punto, cabe preguntarnos si el libretto es tan malo como algunos críticos, especialmente los no italianos, dicen, o si los problemas vienen de la obra de García Gutiérrez. Creo que podemos ser bastante categóricos: el libretto supera la obra de García Gutiérrez, sus versos son mejores y su experiencia en el lenguaje operístico le permitió «abarcar los complejos acontecimientos de la trama de garcía Gutiérrez, exponiendo en prolijos relatos lo que no era fácil de mostrar teatralmente.«, en palabra de Budden, en el libro citado.

Claro está que la obra de García Gutiérrez, que fue un éxito clamoroso, hay que juzgarla con los ojos de 1835. Es una obra profundamente romántica y tiene todas las características definitorias del teatro del Primer Romanticismo. No tiene que extrañarnos el temperamento apasionado de los personajes, los amores locos y los cambios de opinión de Leonora, enamorada de Manrico, al mismo tiempo que consciente de que se está aventurando más allá de lo sensato y de lo socialmente permitido. En cuanto a Azucena, es un personaje atormentado y en frecuente estado de alucinación, después de los terribles acontecimientos que tuvo que vivir: la muerte de su madre en la hoguera, la orden que le dio de que la vengase y su venganza, ejecutada en forma imperfecta.

Dice Budden que «los sucesos de Il Trovatore pueden ser extravagantes, pero nunca ininteligibles, y las situaciones mismas resultan siempre transparentes. Si bien las formas musicales son anticuadas, resultan, no obstante, adecuadas para una ópera que, como Lohengrin o Euryante, habita en el mundo de la caballería y el romance medieval.«

Señala también Budden, y otros autores, que en esta obra el interés teatral nunca mengua. Así es ya en la obra de teatro de García Gutiérrez, en 5 Actos, y Cammarano la mejora, en su libretto, con la simetría de las 4 Jornadas, divididas en 8 Escenas, contrastadas, construidas por Verdi alrededor de uno o dos temas musicales delimitados, con una equilibrada relación de fuerzas opuestas, cristalizadas en los antagonismos entre Manrico y Luna, o entre Azucena y Leonor, todo ello complicado con la relación Azucena-Manrico, y el odio mutuo entre Azucena y el Conde de Luna.

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Verdi, por su parte, desarrolla un melodismo que, quizás, sea el mejor de toda su producción. Utiliza sabiamente los recursos del bel canto, y delimita muy bien los terrenos de cada personaje. En el 4º Post hablaremos más extensamente de la vocalidad de los protagonistas, pero ya podemos adelantar que tanto García Gutiérrez y Cammarano, como el mismo Verdi, desarrollan un código fonético-musical para los protagonistas, que va desde el lenguaje de una mujer del pueblo, Azucena, al absoluto lirismo de Leonora, una aristócrata que se expresa en melodías largas y fluidas (bastante bellinianas). El conde pertenece al mundo de Leonora, mientras Manrico, al fin y al cabo un trovador, se sitúa a medio camino entre Azucena y Leonora.

Y esto lo hace Verdi con su economía de medios habitual, con gran precisión y claridad. Puede resultar paradigmática la gran Aria de tenor del Acto 3º, en la que, en la Cavatina, «Ah si ben mio«, vemos al Manrico enamorado, que se acerca en su música, y en su forma de expresarse, a su amada Leonora, pero que, sin embargo, en unos pocos compases todo cambia: llega el fiel Ruíz, que le informa de que la gitana ha sido apresada, y se despierta un Manrico salvaje y temerario, muy próximo musicalmente a Azucena, que entona la llamada a las armas a sus huestes (All’armi) y se lanza de cabeza a la Pira para intentar salvar a su madre, sin importarle ya demasiado su amada Leonore.

¡Qué mejor que verlo y oirlo! Hemos preparado una LR de YouTube que recoge unas cuantas interpretaciones de esta parte y que hemos incluido como ENLACE. Son las versiones de veinte grandes tenores de todos los tiempos, desde Enrico Caruso a Gregory Kunde, pasando por Jussi Björling, Giacomo Lauri Volpi o Antonio Cortis, en grabaciones de los años 20’s; Mario Fileppeschi, Franco Corelli, Mario del Monaco, Jaume Aragall, Alfredo Kraus, Carlo Bergonzi, Richard Tucker o Franco Bonisolli en los 60’s y 70’s; Plácido Domingo, Giuseppe Giacomini y Luciano Pavarotti, en los 80’s y 90’s; para acabar, ya en los 2000’s, con José Cura, Marcelo Álvarez, Jonas Kaufmann y Gregori Kunde, este último en su interpretación de 2016 en La Coruña, con 62 años cantando como si tuviese 30.

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