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La obra de un Verdi pleno y en su mayor pureza

El 19 de enero de 1853 Giuseppe Verdi estrenaba en Roma, en el Teatro Apollo, su Dramma  lirico en 4 Jornadas (o Actos) Il Trovatore, con libretto de Salvatore Cammarano, completado por el joven poeta Leone Emmanuele Bardare, después de la muerte inesperada de Cammarano en el mes de julio del año anterior (1852).

La ópera se basa en la obra de teatro El Trovador, del entonces muy joven (22 años) autor gaditano Antonio García Gutiérrez, estrenada en 1836 en el Teatro del Príncipe de Madrid (hoy Teatro Español). Drama romántico donde los haya, puede considerarse, junto al del Duque de Rivas, Don Álvaro o la fuerza del sino, estrenado el año anterior (1835), las primeras obras españolas del nuevo teatro romántico, que en París había inaugurado Victor Hugo con su Hernani (1830), también adaptada por Verdi (Ernani, 1845).

La obra se desarrolla entre Aragón y Vizcaya, en el marco de la revuelta de Jaime, conde de Urgel, contra Fernando de Antequera designado rey de Aragón, como Fernando I de Aragón, por el Compromiso de Caspe (1412), tras el fallecimiento sin sucesión de Martín I de Aragón, Martín el Humano o el Viejo, y al que Jaime no reconoció como rey. El 2º Post de esta serie lo dedicaremos a recordar la historia en la que se apoya el drama romántico e historicista de Antonio García Gutiérrez.

Al parecer Verdi leyó una traducción al italiano de la obra de García Gutiérrez y le gustó mucho. Se da la circunstncia de que, más adelante, volverá a adaptar para una ópera otra obra de este autor, Simón Bocanegra, así como la del Duque de Rivas, que será en ópera La forza del destino.

Esta obra se inscribe en el centro del Periodo Medio verdiano (Rigoletto, 1851; Il Trovatore y La Traviata, 1853) y se estrenó sólo 46 dias antes del estreno en Venecia de La Traviata. No nos tiene que estrañar que durante los ensayos en Roma de Il Trovatore, Verdi instalado en el piso superior del Hotel Europa, pasase horas ante el piano componiendo La Traviata al mismo tiempo que acudía a los ensayos.

Estamos ante uno de los momentos más creativos de Verdi, ya en plenitud. En esos 3 años, 1851 a 1853, va a producir sus obras más populares, al mismo tiempo que, musicalmente, originales y revolucionarias. Es interesante señalar que son tres obras muy diferentes y que, aunque las compuso en muy poco tiempo y dos de ellas casi simultaneamente, no se parecen nada y, por ejemplo, sólo hay un leve parecido musical entre el duo Parigi, o cara, de La Traviata, y la balada de Azucena, Ai nostri monti ritorneremo, de Il Trovatore, siendo todo lo demás muy distinto.

Por primera vez en la vida de Verdi, le encarga el libretto a Cammarano, (que, junto a Felice Romani, eran los dos grandes libetistas de la primera mitad del siglo XIX, y con el que ya había hecho Alzira, La battaglia di Legnano y Luisa Miller y con el que había querido contar en Rigoletto), y se lo encarga sin tener un teatro, ni un editor, que le hubiese comisionado la obra. Parece que su primera idea es hacerla en el San Carlo de Nápoles, pero los napolitanos están remisos y puede haber, además, problemas de Censura. Finalmente será Roma, el empresario Jacovacci y el Teatro Apollo, quien acepte la obra.

Pero, además, Verdi, también por primera vez y como consecuencia de no tener aún un teatro apalabrado, compone los distintos papeles con una linea de canto que no se basa en unos cantantes concretos, sino que los cantantes se tendrán que adaptar a lo que Verdi ha escrito. Como hemos dicho más arriba, Verdi está en plenitud y no quiere estar condicionado.

Sin embargo, la historia de la composición está llena de dificultades. Parece ser que inicialmente Verdi quería una ópera nada convencional: sin números, sin arias, cavalettas, duos o tercetos. Cammarano le dió todo lo contrario: una estructura completamente convencional, en 4 actos o jornadas, con su título cada una, como el libretto de Solera para Nabucco. “Una antigualla” debió pensar Verdi.

Para colmo, Cammarano avanzaba muy lento, enfermó a principios de 1852 y no solo no mejoraba sino que en el mes de julio murió. Verdi apreciaba sinceramente a Cammarano y decidió continuar lo que éste había hecho, (que se había basado en un Resumen de la obra de García Gutiérrez escrito por el propio Verdi) y sólo darle unos toques con el joven poeta Leone E. Bardare, fundamentalmente ampliando el papel de Leonora (precisamente con el aria D’amor sull’alli rosee) y cambiando la métrica de los versos de la balada de Azucena.

Pero no sólo hubo problemas de libretto. A Verdi le ocurrieron varias desgracias en esa época: murió su madre, enfermó su padre, y, además, vivía abiertamente con Giuseppina Strepponi, sin estar casados, y eso levantaba todo tipo de habladurias en Busseto, al extremo que su suegro y benefactor, Antonio Barezzi, le escribió una carta recriminatoria que le dolió mucho.

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Un gran éxito en Roma y en todo el mundo.

Después de una composición rapidísima, en el cuarto trimestre de 1852, y de que los cantantes que le puso el Teatro Apollo no fuesen, del todo, del gusto de Verdi, la obra se estrenó y resultó un Gran Éxito. La noche del estreno Verdi tuvo que salir a escena doce veces para recibir los aplausos del público y le entregaron una corona de laurel con cintas rojas. Así continuó en los dias siguientes, al extremo de que Verdi tuvo que quedarse en Roma después de la tercera representación, y asistir a una cuarta, en contra de su costumbre, después de que, tras la tercera, fuese acompañado hasta el hotel Europa por una multitud de espectadores, enfervorizados, y una banda de música, que estuvo tocando piezas de sus óperas en la calle, hasta el amanecer.

Enseguida se estrenaría en París, en el Théâtre des Italiens, y en España, tanto en Madrid, el 16 de febrero de 1854, como en el Liceu de Barcelona, el 20 de mayo del mismo año. El 12 de enero de 1857 se estrenó una versión en francés, Le Trouvère, en la Opéra de Paris, entonces en la rue Pelletier,  con el preceptivo ballet, que compuso Verdi y coregrafió Lucien Petipa (el hermano de Marius) y enseguida en Londres y Nueva York.

Y desde entonces ha seguido en cartel con éxitos enormes. De acuerdo a las estadísticas de Operabase, en la temporada 2015/16, con datos de 22.700 representaciones en todo el mundo, esta ópera ocupa el nº 20 del ranking mundial, habiéndose representado 1.053 veces en esa temporada, en 285 producciones distintas.

Existen más de 190 grabaciones de esta ópera, de las que al menos una decena pueden considerarse obras maestras. La mayor parte de sus “números” son conocidos por el público no experto y films como la sexta película de los Hermanos MarxUna noche en la ópera” (A night at the Opera, MGM, The Max Brother, Sam Wood, 1935) o Senso, de Luchino Visconti, la utilizaron en su banda sonora o la parodiaron, en el caso de los hermanos Marx, consiguiendo aumentar aún más su poularidad.

Valoración de la obra

Desde el primer momento esta obra ha sido objeto de controversia en la Crítica. Una parte de ella ha considerado que después de Rigoletto, obra que revolucionó el escenario operístico europeo, Il Trovatore parece una regresión, un volver atrás, con técnicas belcantistas que ya no estaban de moda en 1850.

En cambio, otra parte de la Crítica la ha considerado muy bien. Por ejemplo La Gazetta Musicale decía, en su crítica del estreno:

La música nos trasportó hasta el cielo mismo y, en verdad, no podía ser de otro modo, porque dicha música es, sin exageración, celestial

Y Massimo Mila, el afamado crítico y musicólogo italiano, ya fallecido, decía que:

Esta ópera se ha convertido en en el test del fanatismo verdiano, en la bandera de combate de los verdianos puros ….. que reconocen en Il Trovatore un Verdi en estado puro, intocado aún por la influencia intelectualizante ….

Por otra parte, el libretto ha sido objeto de no pocas críticas, fundamentalmente porque muchos no comparten su exagerado espíritu romántico y porque otros, simplemente, no lo entienden, ya que los acontecimientos más importantes pasan casi siempre fuera de escena. Vendrá bien hacer un análisis comparativo con la obra de teatro de García Gutiérrez, para ver si esas “deficiencias” vienen de su origen.

En los próximos Post de esta serie hablaremos de estas y otras cosas. Acabamos ahora con un par de interpretaciones de la cabaletta de Manrico que culmina el 3er. Acto, “Di quella pira“, que han cantado multitud de tenores y que es el arquetipo y el resumen del espíritu y de la linea de canto de esta ópera. Hemos elegido la interpretación de dos tenores un poco atípicos, aunque formidables: Franco Bonisolli y Gregory Kunde. De este último ponemos toda el aria “Ah! Si, ben mio” de la que la “pira” es la cabaletta que la culmina, en la más pura tradición belcantista.

Y también en los ENLACES puede encontrarse un fragmento de la película de los Hermanos Marx, que es una de las parodias más desternillantes de una representación de ópera.

 ENLACES:

Di quella pira / Franco Bonisolli

Ah! Si, ben mio / Gregory Kunde

Una noche en la ópera / Hermanos Marx

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