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Rienzi, der letzte der Tribunen

Dedicamos el Cuarto Tema de este Curso a Rienzi, der letzte der Tribunen, la tercera ópera completa de Richard Wagner y la primera que consiguió el éxito, habiéndola terminado en noviembre de 1840 y estrenado en Dresde el 21 de octubre de 1842, cuando aún no contaba 30 años de edad. Aunque fue un éxito importante, convirtiendo a Wagner en un autor reconocido, dentro y fuera de Alemania, y avalándole, además, para ser contratado como Kapellmeister de la Corte Real de Sajonia unos meses más tarde, sin embargo Richard Wagner, más tarde, abominó de ella, porque cuando la estrenó su experiencia musical andaba ya por otros derroteros, en el camino de lo que sería su obra de futuro.

Síntesis de la Clase

En uno de los ENLACES de este Post se puede encontrar el PDF de la Presentación utilizada en la Clase, que está estructurada en diversos apartados que van cubriendo el índice típico que nos hemos propuesto en este Curso: un capítulo de la vida de Wagner, el contexto histórico, artístico y literario, algunas notas biográficas de los Directores wagnerianos más importantes, referencias a los más afamados cantantes del Repertorio wagneriano, tanto antiguos como modernos, y la ópera propiamente dicha en la que centramos la Clase.

En esta ocasión, la época estudiada de la vida de Wagner es el período comprendido entre el año 1834 y el 1843, que coincide con el tiempo comprendido entre el conocimiento de Mina Planner, la que será su mujer en 1836, en un matrimonio inestable y problemático, que durará 30 años, y el estreno en Dresde de Rienzi y Der fliegende Holländer, ocurriendo entre ambas fechas sus temporadas de Director musical en Magdeburgo, Könisberg y Riga, el azaroso viaje (más bien huida) a Londres y luego a París, y los años de estrecheces en París, sin poder estrenar Rienzi mientras componía Der Holländer, que tampoco podrá estrenar en Paris.

En el apartado 2º, dedicado al Contexto histórico de Alemania, nos extendemos desde 1813, el año en el que nace Richard Wagner, hasta las Revoluciones de 1830. Es la época de la caída de Napoléon y el nuevo Orden europeo que establece la Restauración propiciada por el Congreso de Viena, creando la Confederación Germánica (Deutscher Bund) como sucesor, de facto, del Sacro Imperio Romano Germánico, abolido por Napoléon en junio de 1806. Pero las ideas de la Revolución Francesa y el espíritu Nacionalista, difundidos ambos por Napoléon, resultaron imparables, lo que, unido al ascenso de la Burguesía y el auge de la Ideología Liberal, nos llevará a otra serie de Revoluciones que cambiarán, nuevamente, el pretendido «Orden» de la Restauración. En este Tema llegamos hasta la de 1830 y nos quedamos en el Vormärz (el Antemarzo), para tratar, en un próximo Tema, las Revoluciones de 1948 y 49, donde, por cierto, Wagner se involucrará políticamente, convirtiéndose en un activista.

Respecto a la Galería de Directores wagnerianos, continuamos en este Tema con Siegfried Wagner, el único hijo varón de Richard Wagner y Cosima Liszt-Wagner, por tanto nieto de Franz Liszt. Huérfano de padre desde los 13 años, se crió junto a su madre, habiendo recibido educación musical de su padre y su abuelo, pero especialmente de Engelbert Humperdinck (el autor de Hänsel und Gretel, entre otras obras) que había sido discípulo, y asistente en Bayreuth, de Richard Wagner. Como dice Christian Thielemann, Siegfried fue «un personaje fascinante, pero no un genio«, además de que no sería fácil ser hijo de Wagner y nieto de Liszt. Aparte de su labor como compositor y director, a él le debemos que no se haya extinguido la dinastía Wagner, a pesar de su homosexualidad, y que asegurase la subsistencia económica del Festival, al transformar la empresa familiar en la Fundación Richard Wagner para el pueblo alemán.

En cuanto a los Cantantes wagnerianos, el Apartado 4º, lo dedicamos, principalmente, a las Sopranos falcon que son las más indicadas para cantar los papeles de Venus, en Tannhäuser; de Ortrud, en Lohengrin, y de Kundry, en Parsifal, sin olvidar los papeles de Mezzo, que en Wagner son tres: Fricka (en Das Rheingold y Die Walküre), Waltraute (en el Ocaso) y Brängane (en Tristan), así como los dos de Contralto: Mary, en Der Holländer, y Erda, en Das Rheingold y en Siegfried. Las tres sopranos elegidas, como ejemplo de la voz Falcon, son tres formidables cantantes: Astrid Varnay, Christa Ludwig y Gwyneth Jones. Hay que destacar que Varnay fue primero Heldensoprano, Ludwig se ha movido en el terreno de las Mezzo y Gwyneth Jones ha sido un caso extraordinario de flexibilidad vocal, que le permitía cantar casi cualquier papel.

La ópera Rienzi, der letzte der Tribunen (Rienzi, el último de los tribunos)

Rienzi, der letzte der Tribunen, es, en realidad, una Grand Opéra en 5 actos, escrita por Richard Wagner e inspirada en la novela homónima de Bulwer-Lytton, con todos los ingredientes y las convenciones de ese Género, en el que Richard Wagner quería debutar y medirse con los grandes autores de l’Opéra de Paris en aquel momento, es decir Auber, Meyerbeer y Halévy. Wagner pensaba en 1838, atinadamente, que la capital mundial de la Ópera era Paris y que él tenía que triunfar allí para ser catapultado a la fama y, seguramente, para demostrar y demostrarse, a partir de entonces, de lo que era capaz de aportar a ese mundo.

Así, con su ópera parisina, Rienzi, ya compuesta en sus primeros dos actos, sobre un texto en alemán del propio Wagner, (porque Scribe no le había contestado a sus requerimientos de colaboración), Wagner se lanzó, en el verano de 1839, a su aventurado viaje desde el extremo oriental de Prusia hasta Paris.

Después de innumerables vicisitudes, Richard Wagner y Minna volverían a Dresde en 1842, para estrenar allí Rienzi, por cierto con gran éxito. No había sido posible estrenarla en Paris y no lo será hasta 1869, pero para entonces será casi una reliquia, muy distante de lo que hacía su compositor en aquellos momentos.

Aunque, como ya hemos dicho, Wagner acabase abominando su ópera Rienzi, la verdad es que tiene muchos valores y contiene, además, varios de los temas típicos wagnerianos. En particular, podemos destacar:

  • En Rienzi aparecen prefigurados héroes wagnerianos posteriores, incluso en el rasgo de hombre extraño entre las multitudes, con las que no conecta, como le ocurrirá a Lohengrin, Siegfried o Von Stolzing.
  • Aparece la figura de la hermana, Irene, que no es sólo un homenaje a su hermana mayor, Rosalie, fallecida en 1837. En Irene se empieza a anticipar esa relación fraternal fortísima que acabará en el incesto de Siegmund y Sieglinde.
  • Y también continúa el tema transversal de la redención, del que iremos hablando en cada uno de los Temas.

Dice Martin Gregor-Dellin que la inspiración mas fuerte para Rienzi la recibió Wagner del Hernán Cortés, de Spontini, y de Robert le diable, de Meyerbeer. Y aunque esta obra tiene muchos de los defectos del Género (Grand Opéra), que la pueden hacer parecer una gigantesca cáscara vacía, sin embargo, contiene algunas melodías, como las de la famosa Plegaria (Allmächt’ger Vater), pertenecientes a las ideas más sentidas de toda la literatura operística y, como observa Martin Gregor-Dellin, con una gran identidad con la música de su contemporáneo Giuseppe Verdi.

Quizás lo mejor que se puede decir de esta ópera es lo que apostilla Martin Gregor-Dellin:

«Si Richard Wagner hubiese muerto joven después de haber concluido el Rienzi – para lo que pronto hubo oportunidad – esta obra habría vivido hasta hoy su regular y muy celebrada reposición como única ópera revolucionaria de la Joven Alemania.«

Martin Gregor-Dellin, Richard Wagner

Información adicional

A continuación se incluyen algunas informaciones y comentarios adicionales a lo explicado en la Clase correspondiente al Tema 4.

Richard Wagner tras las huellas de Meyerbeer

Hemos dicho que Wagner creía que debía triunfar en Paris y comenzar, así, una carrera situado en la parte alta del escalafón. Las cosas no salieron como él pensaba, a pesar del gran esfuerzo que puso en el empeño. Recién llegado a Francia, y por casualidad, tuvo un encuentro con Meyerbeer, que fue muy amable con él y accedió de apoyarlo, pero las cosas se torcerían una y otra vez. Hay que tener en cuenta que, para Wagner, Meyerbeer era un modelo: un alemán que, tras pasar por Italia, había triunfado en Paris. De hecho Wagner le describió, hacia 1836, esta ruta al éxito a su amigo, y financiador por aquella época, Theodor Apel, en estos términos:

» Y cuando estemos curtidos y fuertes, nos iremos a Francia. Escribiré una ópera francesa en París, y sólo Dios sabe ¡hasta dónde seré capaz de subir! Pero, al menos sé lo que no seré: un filisteo (ignorante) alemán

Richard Wagner, SL 23-24

Posteriormente, estando en su puesto de Kapellmeister en Riga, ya en el comienzo del proceso de composición de Rienzi, decidió escribirle directamente a Meyerbeer, confirmando sus objetivos, al mismo tiempo que intentaba, sin éxito, contactar con Eugène Scribe, para que colaborase con él, como lo hacía con Meyerbeer. La carta de auto-presentación a Meyerbeer es franca y, en el momento de escribirla, muy probablemente sincera. Comienza mencionando su pasión por Beethoven, que fue el primero que lo atrajo a la música, para añadir a continuación que:

«mi visión del presente estado de la música, y sobre todo de la música dramática, ha sufrido un importante cambio, y sería inútil negar que fueron sus obras las que me sugirieron esta nueva dirección… En usted veo la perfecta encarnación de la tarea a la que se enfrenta el artista alemán, una tarea que usted ha resuelto a fuerza de haber unido los méritos de la escuela italiana y francesa para conseguir la validez universal de sus productos. Esto es lo que, más o menos, me he propuesto como mi presente objetivo «

Richard Wagner, carta de 4 de febrero de 1837, SL 42

Decíamos más arriba que todo comenzó muy bien. El 20 de agosto de 1839, en el viaje en vapor desde Londres a Francia, Wagner conoció a una señora, la Señora Manson, a la que le contó quien era él y cuál su propósito, y esta le informó que en Boulogne-sur-mer se encontraba Jacques Meyerbeer, para el que le dio una carta de presentación. Nada mas desembarcar en la costa francesa, Wagner convenció a Minna que debían quedarse unos días en Boulogne-sur-mer, para rematar el 2º Acto de Rienzi y conseguir ver a Meyerbeer, como así fue.

Meyerbeer trató exquisitamente a Wagner, oyó con atención el libreto de Rienzi, que Wagner le leyó, y analizó la partitura de lo que llevaba compuesto y dijo que le parecía muy interesante. Alabó repetidamente la limpieza y finura del manuscrito, en lo que dijo reconocer el carácter sajón de Wagner, y escribió cartas de recomendación a la dirección de l’Opéra de Paris.

Pero no solamente Meyerbeer recomendó a Wagner ante el director de l’Opéra, sino que le presentó al compositor Ignaz Moscheles y a la pianista Marie Leopoldine Blahedka, que se encontraban en Boulogne, e invitó a Wagner y a Minna a las veladas que daba en su casa, hasta que Richard Wagner, su mujer Minna y su perro Robber, emprendieron el viaje hacia Paris, en la diligencia, el 16 de septiembre de 1839.

Como dice Martin Gregor-Dellin, «cuando el 17 de septiembre, un martes, vio extenderse ante si Paris, imaginó próxima la meta de su vida, la fama y la realización de sus sueños. Debía seguir la más completa decepción.«

Aunque los dos años y medio de estancia en Paris fueron un periodo de frustración y de trabajo muy duro, sin embargo no fue un esfuerzo en vano. El resultado neto fue que Richard Wagner volvió a Alemania con su carrera reorientada hacia sus raíces germánicas: instrumentales (al estilo de Beethoven) y dramáticas (al estilo de Weber). La composición de Der fliegende Holländer, al final de la estancia parisina, fue el fruto de esa reacción. Al mismo tiempo, el estreno de Rienzi en Dresde le dio, por fin, la fama, y el reconocimiento, y precisamente en la ciudad de su infancia.

«In dieser Stunde begann alles»

Esa frase, que podríamos traducir «En aquella hora, todo comenzó«, se atribuye a Adolf Hitler, ya el Führer, o, más propiamente dicho, el Reichskanzler, cuando en 1939, poco después del comienzo de la 2ª Guerra Mundial, en Bayreuth y siendo hüesped de Frau Wagner (Winifred), rememoró su impresión después de asistir, en una fría noche de noviembre de 1906, en Linz, por primera vez a una representación de la ópera Rienzi de Richard Wagner, que él no conocía.

El que lo contó fue su mejor amigo de la juventud, August Kubizek, más o menos de su edad (17 años en 1906) y que fue su compañero en aquella noche memorable. Al salir del teatro, pasada la medianoche, Adolf estaba ensimismado y decidió subir al Freinberg, una pequeña montaña desde la que se divisa todo Linz y el Danubio. Allí, estando solos ambos bajo un paisaje estrellado, Adolf se sintió impregnado y poseído por la personalidad de Rienzi, el hombre que ascendió de la nada hasta ser el Tribuno del pueblo, para luego caer desde lo más alto. Y de repente, Adolf estalló en un torrente de palabras y predijo, ante su amigo, cuál sería su futuro y el del pueblo alemán.

Exactamente, Kubizek dice lo siguiente:

«Hasta entonces había estado yo convencido de que mi amigo quería llegar a ser artista, pintor para más exactitud, o tal vez maestro de obras o arquitecto. Pero en esta hora no se habló más de ello. Se trataba de algo mucho más elevado para él, pero que yo no podía acabar de comprender. … Ahora, sin embargo, hablaba de una misión, que recibiría un día del pueblo, para liberarlo de su servidumbre y llevarlo hasta las alturas de la libertad«

August Kubizek, Adolf Hitler, mein jugendfreund (1956)

Esta narración aparece en el libro Adolf Hitler, mein jugendfreund, de August Kubizek, que durante mucho tiempo ha sido considerado la mejor fuente de información de la juventud de Hitler. Sin embargo muchos historiadores han desdeñado, o incluso ridiculizado, esta anécdota de Rienzi y el Freinberg.

Sea cierta o no la anécdota, lo que si es cierto es que esta ópera fue la favorita de Hitler, por encima de Lohengrin, que le impresionó mucho al verla con tan solo doce años, o Die Meistersinger von Nürnberg, que representaba, en su opinión, la grandeza del espíritu alemán. El tema principal de esta ópera, el aria Allmächt’ger Vater, que también está incluida en la Obertura, fue el himno oficioso de los Congresos del Partido Nazi y se utilizó profusamente en el más famoso de ellos, el celebrado en 1939 en Nürnberg.

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